Holly - Acebo

 A principios del verano Bach dirigió su atención hacia la planta más sagrada de los druidas, el acebo (Ilex aquifolium). Las fiestas navideñas inglesas no serían concebibles sin esta planta perenne de hojas coriáceas brillantes, dentadas y espinosas, y sus bayas de color rojo coral. Se podría pensar que holly (en inglés también hulven, hulm) es parónimo de holy (santo, sagrado). Sin embargo, la palabra significa «madera de vaina», ya que la madera dura y fibrosa de este arbusto es idónea para la tornería. De todas maneras, no se puede descartar la connotación de holy. Generalmente se hacen de madera de acebo las asas de las teteras, y desde el punto de vista etnológico la tetera es uno de los objetos rituales más sagrados en los hogares británicos.

En los países alpinos se lo denomina árbol de los sátiros, ya que aleja a los demonios de la noche, a los sátiros y a otros espíritus o duendes maliciosos. Por este motivo también se suele plantar en los cementerios. En la región de Aquisgrán se llamaba a esta planta hurgón, ya que sus ramas se empleaban para limpiar las chimeneas y hogares. La costumbre no se originó únicamente por consideraciones prácticas. Antiguamente el hogar era considerado el corazón de la casa, el centro alrededor del cual se movía la comunidad integrante del hogar. La chimenea era considerada la puerta de entrada o salida para los espíritus y antepasados. A fin de mantener limpia esta puerta, y para alejar los malos espíritus que se pegaban al hollín, era necesario disponer de una escoba con poderes mágicos. Aún hoy en día en los países anglosajones las decorativas ramas de acebo siguen adornando los hogares para que Santa Claus pueda entrar a medianoche y transmitir su bendición a la familia.

En el suroeste de Alemania y Francia, el acebo se empleaba para hacer ramos de palmas, mezclado con ramas de boj y de otros arbustos perennes. Estos ramos simbolizaban las palmas con las que fue aclamado Jesús a su entrada en Jerusalén. La leyenda cuenta que el acebo se originó en el momento en que el pueblo, después de haber vitoreado a Cristo con las ramas de palma, gritó enojado, «¡Crucifícalo!», en lugar de gritar «¡Hosanna!». En ese momento, en las hojas de las palmas aparecieron espinas como símbolo del dolor, y bayas rojas como símbolo de la sangre inocente. En las regiones rurales continúa viva la creencia de que los ramos de palmas bendecidos el Domingo de Ramos y colocados en el remate del tejado mantienen alejados durante todo el año a los malos espíritus y a las brujas.

 
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