Oak - Roble Albar

Roble Albar 1ª parte

Roble Albar 2ª parte

Roble Albar 3ª parte

 En su búsqueda de un ayudante fuerte, Bach no podría haber encontrado un árbol más poderoso que el roble albar (Quercus robur). En los países donde crece este magnífico árbol se lo veneraba como representación del pilar del mundo que une el Cielo y la Tierra. El roble suele crecer en lugares donde se cruzan venas de agua subterráneas, por lo tanto muchas veces es alcanzado por los rayos. Así se comprende por qué los pueblos antiguos consagraban este árbol al rey de los dioses, portador del rayo: los pobladores de las provincias del Báltico y los prusianos lo consagraban al dios Perkunos, los griegos a Zeus, los celtas al dios del trueno Dagda o Tanaris, los romanos a Júpiter y los germanos al vencedor de la serpiente Midgart, Donar (Tor). Este árbol sagrado transmite a la Tierra el fuego celestial purificador y fecundador.

El roble es el árbol de la justicia bajo el cual ocupaba el rey su trono y gobernaba en representación del dios. Las decisiones importantes, profecías y juicios tenían lugar bajo sus amplias ramas. En ese lugar no debían pronunciarse falsedades ya que era el árbol cosa (ding o thing), bajo el cual todo lo hablado y decidido se convertía en realidad. Allí se reunían los nobles y creaban las bases de su realidad, las verdades permanentes de su existencia. Allí se establecía la justicia y la injusticia, la realidad y la ilusión. Aún hoy en día existen en Inglaterra los gospel oaks, robles bajo los cuales el sacerdote predica las verdades del Evangelio y pide la bendición de Dios para su comunidad.

Los celtas también consideraban al roble (en galés, druides; en celta, derwen) el árbol de los árboles. De él recibían su nombre los druidas (en galés, derwydd); la larga formación de los druidas, su ordenación y sus grandes ceremonias tenían lugar en los bosques de robles (drunemeton). Vestidos de albas túnicas y sirviéndose de una hoz de oro, los hechiceros cortaban de las copas de los árboles las ramas del muérdago fecundador durante «el sexto día del ciclo lunar».

La séptima letra del alfabeto celta de los árboles es la «D» (duir), el roble. Pero duir también significa «puerta»; las puertas y jambas de las puertas de las casas se fabricaban con madera de roble. En el calendario druida de los árboles, el roble simboliza el solsticio vernal, la puerta a la segunda mitad del año, el umbral donde se baten a vida y muerte el año creciente y el decreciente. Antiguamente se consideraba que el rey, que gobernaba bajo el roble, era el garante del orden cósmico sobre la Tierra y dispensador de la fecundidad. Cuando perdía fuerza y potencia era retado por el pretendiente a este cargo sagrado y matado en una lucha ritual. De forma correspondiente, el viejo «rey de los robles» era sacrificado ritualmente en la hoguera el día en que el sol alcanza su cenit. En el cristianismo, esta costumbre arcaica se conservó en la leyenda de san Juan, decapitado durante el solsticio.

 
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