Wild Oat - Avena Silvestre

Avena Silvestre 1ª parte

Avena Silvestre 2ª parte

Avena Silvestre 3 ª parte

 En la primavera de 1934 el médico volvió a cambiar de residencia. Bach se mudó a una hermosa y sencilla casa de campo en el bello valle del Támesis. Esta casa, «Mount Vernon», sigue siendo hoy en día la sede del Bach Centre inglés. Apenas había acabado de desempaquetar sus pertenencias cuando bajo los setos que bordeaban el camino encontró al séptimo de sus «siete ayudantes». Se trataba de una bella y grácil gramínea, la avena silvestre (Bromus ramosus). Un profano seguramente habría pasado a su lado sin fijarse en esta planta. En los extremos de sus racimos colgantes se agrupan en espigas varias flores insignificantes. No hay aroma, color ni ninguna rareza llamativa que atraiga a los hambrientos insectos o las miradas de los amantes de las flores. Al igual que en todas las gramíneas, unas finas glumas sustituyen a los pétalos. Cuando éstas se abren en los meses de mayo a julio, cada flor muestra tres largas y delgadas anteras. Encima de éstas sobresalen los estigmas como dos diminutas plumas. Bach llenó un cuenco de agua con estas flores y lo colocó bajo el cálido sol de mayo. Percibió que había encontrado un remedio adecuado para las personas que presentan indefinición en sus metas e insatisfacción por no encontrar su misión en la vida a pesar de tener múltiples talentos.

La avena silvestre (Wild Oat) es, entre las flores de Bach, el único representante de la gran familia de las gramíneas o poáceas. Las gramíneas son una familia verdaderamente grandiosa: su bondad ha acompañado a la humanidad durante todo su desarrollo cultural. Las gramíneas constituían el alimento básico de las enormes manadas de rumiantes que eran perseguidas por los cazadores de la Edad de Piedra. En las grandes praderas de las estepas asiáticas pastaban los ungulados que más tarde serían domesticados. Sin estas hierbas de las praderas y sin las manadas de búfalos que pastaban en ellas, no se habría formado el humus que hace posible que aún hoy en día haya excedentes de carne y trigo en Norteamérica. Las gramíneas son la base de la civilización: el arroz en el este de Asia; la cebada, el trigo y el mijo en el oeste de Asia, África y Europa, y el maíz en Centroamérica. No es de extrañar entonces que hayan sido consideradas una manifestación divina. Para los habitantes de Birmania, el arroz es una irradiación de Buda. Para los antiguos griegos, el trigo era un don de la gran diosa Deméter, y para los cristianos no era otra cosa que el cuerpo del Señor. Muchos pueblos indígenas consideraban el maíz la encarnación de una diosa caída del cielo.

 
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