Aspen - Álamo Temblón

Álamo Temblón 1ª parte

Álamo Temblón 2 ª parte

Álamo Temblón 3ª parte

En la antigua Britania el álamo también era considerado árbol de los muertos. En Irlanda y Escocia, los fabricantes de ataúdes utilizaban ramas de álamo para medir a los difuntos. En los pueblos germánicos, los carpinteros solían utilizar para este fin una vara de saúco. Las ramas de saúco son, como las del álamo, blandas, pálidas y frágiles, y pueden abrir la puerta al reino de los infiernos, a la diosa de los muertos.

En el poema Cad Goddeu se habla de la fragilidad de este árbol: «Los perseverantes álamos, tantas veces quebrados en la batalla», dice un verso. En el antiguo calendario celta de los árboles, el álamo señala el equinoccio de otoño, la época del año cuando va disminuyendo la luz, cuando las noches comienzan a hacerse más largas que los días. En el alfabeto de los árboles, el álamo representa la vocal «E» (Eadha).

Las leyendas cristianas que versan sobre este árbol, en lugar de hablar sobre acontecimientos felices, sirven de severa amonestación. Cuando la Sagrada Familia se escondió en un bosque para huir de Herodes, todos los árboles se inclinaron en profundo respeto. Sólo el álamo permaneció erguido, adoptando una actitud arrogante. Entonces el niño Jesús posó su mirada sobre el árbol. Este, herido en el corazón, no para de temblar desde entonces.

También en la leyenda cristiana encontramos el motivo de los difuntos. Se dice que la madera de la cruz era de álamo. El sufrimiento y la muerte del Redentor conmovieron tanto al árbol que no pudo dejar de temblar.

El sauce pertenece, sin duda alguna, a la Luna y al mundo subterráneo; en cambio el álamo, con sus semillas aladas y lanudas, polinizado por el viento, se halla bajo el signo de Mercurio. Este veloz dios de los planetas posee fácil acceso al mundo de los muertos pero no está atrapado en él. Mercurio, como Hermes, es el guía de los muertos. Es el mago que no puede ser atrapado y que conoce los secretos de los mundos de arriba y de abajo. Es el ocultista que ve las cosas escondidas y entiende las lenguas secretas. Este dios enseñó a hablar a la humanidad; el álamo, el árbol parlante, le pertenece por completo. En los países nórdicos se atribuía el álamo al dios del viento y de la magia, Odín, el dios que tiene el don de lenguas. «Od» es también el viento del alma que hace temblar los corazones de los hombres como ramas de álamo.

El mercurio brillante y líquido es el metal de este soberano alado de los alquimistas, ocultistas, magos, bardos, curanderos y ladrones. Las hojas centelleantes y nunca quietas del álamo son mercurio en un plano vegetal.

 
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