Chicory - Achicoria

Achicoria 2ª parte

Achicoria 3ª parte

¿Quién puede pasar al lado de la achicoria (Cichorium intybus) sin detenerse a admirarla?

Crece en las veras soleadas de los caminos y campos, en suelos duros y secos, alcanza más de un metro de altura y dirige sus delicadas flores de color azul brillante hacia el sol matutino. Más de alguien se habrá parado a recoger un ramillete y cuando llega a casa las bonitas flores ya han desaparecido. El amigo de las flores debe saber que la achicoria sigue un ritmo determinado: por la mañana, hacia las seis, abre sus flores de vida efímera; hacia las once de la mañana las vuelve a cerrar. Cuando el cielo está cubierto de densas nubes, la planta ni siquiera abre sus flores. Empieza a florecer pasado el solsticio vernal, cuando los días comienzan a acortarse. Cuando se acerca el equinoccio de otoño, es decir, cuando disminuye la intensidad del sol, se habrán marchitado las últimas flores.

La planta se entrega por completo al sol. El alquimista Alberto Magno la llama con razón la «novia del sol». En las leyendas populares, es una princesa encantada que dirige sus azules ojos hacia oriente, hacia el sendero por donde se marchó su caballero. Otra leyenda nos habla de una virgen que durante siete largos años estuvo llorando la muerte de su novio caído en la guerra. Cuando se la apremió para que escogiera a otro respondió:

¡Antes que dejar de llorar prefiero irme por la vera del camino para allí convertirme en flor silvestre!'"

Esta flor nos habla, pues, del amor que no nos abandona y, en cierto sentido, también de la autocompasión e incluso del egoísmo. Los tallos secos, envueltos por escasas hojas de donde nacen las cabezuelas, también nos traen a la mente las figuras consumidas de las personas que languidecen de añoranza.

Aun cuando las azules flores también son un símbolo de paciencia e indulgencia, en realidad entrañan una inesperada excitación, un tenso nerviosismo. Al menor contacto con un insecto, instantáneamente se acortan los estambres. El cáliz es tan angosto que, debido a esta reacción, los granos de polen salen expulsados de las anteras. Por consiguiente también encontramos cierta sensibilidad «animal» en esta flor.

En el lenguaje tradicional de las flores se dice: «¡Así como la achicoria siempre está dirigida al sol, yo no dejo que nada me impida darte mi amor con todo mi corazón, cuerpo y alma!». En el siglo XV, una monja de Augsburgo escribe que las personas que llevan colgada la achicoria desean transmitir el siguiente mensaje: «No puedo encontrar el camino que mi amado desea, y quisiera que alguien me lo indicara». Quien regala un tallo de achicoria quiere expresar la intensidad de su desinteresado amor.

 
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