Clematis - clemátide

Clemátide 1ª parte

Clemátide (Clematis vitalba), la tercera planta medicinal que descubrió Edward Bach, es una planta trepadora vigorosa y leñosa, una verdadera liana como las que sólo se encuentran en los bosques primitivos tropicales.

Clemátide crece hacia la luz, cubriendo matorrales, setos y árboles alcanzando los 12 metros de altura.

Muchas especies de esta familia contienen savias no aptas para comer. En la época de la medicina «heroica»  se preparaba un remedio para las ampollas, de efectos irritantes para la piel, que se obtenía a partir de diferentes ranunculáceas. Los campesinos incluso utilizaban la hierba de san Cristóbal para tratar las heridas purulentas del ganado. La clemátide no es una excepción en este sentido. Los mendigos empleaban antaño la savia corrosiva de la clemátide para simular horrendas tumoraciones, motivo por el cual los franceses siguen llamando a esta planta herbe-aux-gueux (hierba de los mendigos). En homeopatía, Clematis se emplea para las inflamaciones de la piel, los trastornos del sistema linfático y del sistema genital masculino. Los indios también trataban la sarna y los eccemas con infusiones de esta planta.

La herbolaria astrológica clasifica a Clematis bajo el signo de Marte debido a su fogosidad, y bajo el de Saturno debido a su leñosidad. Por otro lado, esta trepadora levógira (como los vientos) posee un aspecto lunático, en contraste con el de las dextrógiras «regidas por el sol» como el lúpulo. Los campos de fuerza dextrógiros, tanto si se manifiestan en la radiación de la Tierra o en los campos vitales de las plantas, provocan un aumento de la densidad, una materialización o encarnación y un endurecimiento. Los campos de fuerza levógiros, en cambio, tienen efectos disolutorios, desmaterializadores y excarnadores; esto es al menos lo que afirman las personas sensibles que se ocupan de estos fenómenos.''

Quizá fuera esta también una de las propiedades que percibió Bach cuando descubrió en la flor de Clematis un remedio para las personas que sueñan despiertas, que huyen de la realidad y aquellas que tienen poca vitalidad. Del mismo modo que la clemátide, que escapa al oscuro suelo del bosque (prefiere los suelos calcáreos «lunáticos») y dirige sus flores hacia la luz, esta esencia floral eleva los estados de ánimo apagados, lunáticos, y hace surgir un interés nuevo y vivo por el aquí y el ahora. La ensoñación dará paso a un idealismo creativo y práctico.

 
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